Solemos ver a diario y con bastante frecuencia brotes de violencia entre personas. A veces por motivos que no se condicen con la causa de la agresión. Con suma facilidad las personas, ante cualquier contratiempo agreden. Parece que el sentimiento que con mayor frecuencia aflora es el enojo y no otros más calmos como son la aceptación o la resignación. Y el enojo sin control se convierte en agresión y en algunos casos violencia verbal y física. Y esto nos parece que es algo que hay que evitar. Lo que nos parece poco productivo es que el freno a la violencia provenga de algo externo como es una ley. Pensamos que las personas y las sociedades deben prepararse ellas para tener bajo control una pulsión instintiva tan fuerte como es la agresión y la violencia.

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