El acecho de la inmovilidad y de la falsedad

De todas las amenazas posibles para los humanos, pensamos que hay dos peligros que nos acechan todo el tiempo y que nos deberían aterrar. 1) No hacer nada (lo que por definición es la respuesta de un estúpido, aquella persona que está en estupor); o 2) hacer algo basado en información falsa. El primer peligro nos puede llevar a la extinción, el segundo a la tiranía y a vidas malogradas. El horizante de todo este blog será si podemos encontrar juntos una solución a estos dos problemas.


El acecho de la inmovilidad y de la falsedad

Marcelo Chaparrro

Hay dos peligros que nos acechan todo el tiempo y que nos aterran. No hacer nada (lo que por definición es la respuesta de un estúpido, aquella persona que está en estupor1) o hacer algo basado en información falsa.

No hacer nada

El gran peligro que nos acecha es que no hagamos nada cuando solo nosotros podemos hacer algo y que optemos por el modo estúpido de respuesta, vale decir, inmóvil. Así dejaremos que otros decidan por nosotros o nos sentaremos a esperar que todo se resuelva de modo automático. Lo peligroso de toda esta actitud es que los fenómenos históricos son únicos e irrepetibles y, si no hacemos nada, todo puede ser destruído por falta de cuidado. Por ejemplo, si por estupidez permitimos que una pieza única de arte, como es la Gioconda de Leonardo da Vinci, sea destruida ya nunca más existirá esa obra. No sucede lo mismo con los productos de la técnica, siempre hay más de una copia: Si se destruye un teléfono, no hay problema, vamos a la tienda y compramos otro exactamente igual. Pero lo que es histórico no sucede dos veces. Pero la estupidez dice que la historia es cíclica. ¿Cómo puede ser cíclica la historia si existe el segundo principio de la termodinámica? La entropía hace que todo el universo, a pesar de conservar su energía, tenga una sola dirección. Si no nos cree intente recuperar a su estado inicial (todo dentro de su cáscara) un huevo que ya ha sido incorporado a una preparación. A esto nos referimos cuando decimos que queremos establecer puentes entre disciplinas: Las afirmaciones desde las humanidades no pueden contradecir hechos establecidos. Por eso debemos ser muy cuidadosos respecto de lo que escuchamos y repetimos de modo automático y sin hacer nada. Un lector atento se cuida mucho de repetir aquello sobre lo que no sabe nada. Un respuesta es estúpida si divulga aquello sobre lo que no se ha pensado lo suficiente. Esta es la tesis de Hannah Arendt sobre el mal: El mal es banal y los alemanes les permitieron a los nazis cometer barbaridades porque no pensaron. Así que ser racional significa que tenemos el deber de pensar, porque la razón no es una facultad que tenemos como el color de los ojos o el número de dedos en nuestras manos. Tenemos que pensar las respuestas, inventarlas, porque nuestras propias estructuras biológicas no nos aseguran las respuestas. Como no tenemos las respuestas por instinto tenemos que crear nuevos modos de conducta. Y si esas conductas no son las respuetas correctas podemos llegar a morir como individuos, como sociedad y como especie. Responder bien no es algo obvio sino que requiere esfuerzo. Es más, tener éxito es una obligación, porque, como ya dijimos, equivocarnos no es un derecho. Hacer el mal no cuesta nada porque, en la inmensa mayoría de las veces, basta con no hacer nada. Lo que nos vuelve a recordar la tesis de Arendt cuando ella habló de la banalidad del mal al referirse a la conducta de los funcionarios alemanes que evitaron toda responsabilidad, sobre todo ante sí mismos, ocultándose tras el cumplimiento de un deber puramente formal. Recibían órdenes que emanaban desde la burocracia nazi y como eran funcionarios mandados ellos las cumplían sin importar el contenido de la orden. Pero ¿quién está obligado a cumplir órdenes criminales? Probablemente los pusilánimes, los arribistas, los cobardes y los mediocres. Vale decir, los banales.

El filósofo español Xavier Zubiri acuñó una idea tremenda con grandes consecuencias para nosotros. Su idea principal es que la inteligencia surgió en la evolución para poder crear respuestas ante medio hostil. Porque equivocarse significaba la muerte. Así, en las duras palabras de Zubiri: «Una raza de idiotas es biológicamente inviable». Porque comportarse de modo insensato y estúpido, si bien es cierto, es propio de los seres humanos, también es cierto que no es un derecho conquistado que podamos exigir como disculpa para nuestras malas acciones. Eso si, no debemos pensar que ser inteligente es algo superior, una especie de super facultad que tenemos los humanos, sino que es algo más bien humilde: tenemos la necesidad de pensar nuestras respuestas porque nuestros instintos, nuestras estructuras biológicas, no nos proveen de la solución a los problemas que el entorno nos propone. A los animales les va mejor que a nosotros porque cuentan con sus instintos, así sus respuestas están aseguradas por sus propias estructuras biológicas. El ser humano, por el contrario, tiene que inventar las respuestas porque biológicamente no las tiene. Su realidad no le dice qué es un buen alimento o cómo tiene que protegerse de las amenazas, etc. Y esta búsqueda de respuestas para ser biológicamente viable es la tarea de la inteligencia humana: tener que pensar las respuestas más adecuadas. Por ejemplo, para proveernos de alimentos de modo permanente y en suficiente cantidad inventamos algo que no existía: la agricultura y para protegerenos de la intemperie y de los peligros: casas y ciudades. Por eso creemos que si no cuidamos de nuestra inteligencia y nos preocupamos del tipo de respuesta que estamos dando a la realidad habrá un momento en que la estupidez de nuestras respuestas nos hará biológicamente inviables y la extinción de nuestra especie será la consecuencia más dramática. Habríamos existido para nada.

Si seguimos comportándonos como si nada malo nos pudiese pasar es muy probable que algo muy perjudicial nos pueda suceder. La extinción, la enfermedad, la pobreza, la destrucción de ecosistemas, la desaparición de nuestro pasado, etc. todo eso existe y si no existe en este momento puede existir con gran facilidad. La historia muestra que los males antes enumuerados han sucedido muchas veces. Solo hay que comportarse de modo estúpido: Éste tipo de conducta que consiste en no hacer nada se explica porque el estúpido es perfecto. La definición de esta actitud negativa es que la persona no tiene necesidad de corregirse porque él siempre está en la razón, esto justifica su natural inmolividad mental. Son los otros los que están equivocados y tienen la obligación de aceptar al estúpido tal y como es. Un estúpido te puede gritar en la cara: «No trates de convencerme, no me importa lo que digas, tú no me vas a cambiar.» Aunque tampoco queremos ser ingenuos y afirmar que nosotros somos inteligentes y los estúpidos son los otros. La persona inteligente no es aquella que dice cosas hermosas y razonables sino aquella que se cuida de no ser estúpido. Esta es la actitud que queremos cultivar en el SIFCH: ¿cómo me cuido para no actuar, no decir o no pensar algo que sea peligroso para mi o para los demás?

Vivir de espaldas a la verdad

Como se dice más arriba, no hacer nada es algo sumamente perjudicial para nuestra circunstancia y para nuestra mente. Pero esto no es todo, hay otro peligro nefasto para nosotros: consiste en que nuestras decisiones se hagan de espaldas a la verdad. Una sociedad que actúa en base a mentiras o que es incapaz de separar lo falso de lo verdadero es una sociedad enferma y que hace que sus ciudadanos lleven una vida miserable. De hecho, hay expresiones que se repiten casi como si fuesen verdades establecidas pero que ocultan este desprecio por la verdad y que ejemplifican esta actitud. No hace mucho escuchamos con asombro que existía la «post–verdad», o que no hay verdad en lo que se dice sobre la realidad sino que todo es un «constructo social», o, que no podemos decir la verdad sobre los objetos sino que todo es interpretación de interpretaciones. De todo esto nos surge la pregunta: ¿Cómo puede sobrevivir una especie si es incapaz de detectar y responder adecuadamente a los peligros de su entorno? Y un peligro que hay en nuestro entorno es el de los farsantes que tras una apariencia de profundo saber son solo globos llenos de aire. Y solo con aire no podemos construir un sólido edificio intelectual para comprender el mundo. Tenemos que aprender a descubrirlos y a evitarlos. Lo bueno es que no estamos solos y los hombres de ciencia están entrenados para descubrir errores: Los propios y ajenos.

«La física moderna nos enseña que la verdad es más de lo que se ve a simple vista, o más de lo que aparece a la demasiado limitada mente humana, evolucionada en África para tratar con objetos de tamaño medio que se mueven a velocidades medias a distancias medias. Ante estos profundos y sublimes misterios, las tonterías de baja calidad intelectual de los farsantes pseudofilósofos aparecen como indignas de la atención de un adulto.»
— Richard Dawkins2

Respecto de esas muchas afirmaciones que niegan nuestro conocimiento del mundo o son de semejante talante mostraremos una y otra vez, en los artículos de nuestro blog, lo nefasta que es la mentira y la incapacidad para decir la verdad para la vida de las personas, sobre todo si volverse incapaz ha sido una decisión nuestra. No podemos dejar de pensar en la famosa expresión bíblica que vincula de modo esencial libertad y verdad. No en vano los sistemas totalitarios han intentado una y otra vez controlar lo que las personas pueden hacer y pensar. La obra de Orwell es un ejemplo literario estremecedor sobre como los que controlan las comunicaciones pueden manejar a las personas si son capaces de manipular la verdad y como la repetición de consignas puede convertir la falsedad en verdad. Sin embargo, parece que una vida basada en la mentira no solo puede ser dolorosa, tal y como han mostrado las obras artísticas de Lang, Orwell y Huxley, sino que como forma de vida no es viable de modo estructural y que solo:

«...la verdad os hará libres.»
— Juan 8:32 —

Y si unimos la frase de Juan con la frase de Ortega de más arriba podemos parafrasearla diciendo que:

«Yo soy yo y la verdad, si no la salvo a ella no me salvo yo.»

Por eso creemos en este blog del Consejo de salud que el trabajo en conjunto entre personas de diversas disciplinas nos puede ayudar a comprender mejor nuestra circunstancia y hacer que las personas dispongamos de más respuestas para el complejo entorno que nos ha tocado vivir.

Así, ante las imposturas y el peligro de la estupidez opondremos el esfuerzo intelectual de descubrir nuevas relaciones entre pensamientos de disciplinas diferentes y nos entrenaremos en el esfuerzo de abandonar teorías que nos pueden ser muy queridas pero que resultan ser falsas. Y ante la mentira, opondremos el esfuerzo pensante de evitar el discurso y la propaganda —propio de esos escritos en los que hay mucha inspiración pero muy poca precisión— y el trabajo de atenernos humildemente a lo que las cosas son. Intentemos, con esfuerzo, dejar de pensar que todo sucede en nuestra mente (psicologismo) o que nuestra mente crea la realidad (constructivismo). Estas tesis u otras semejantes han desprestigiado a la filosofía y a las humanidades durante décadas. A tal punto esto es real que Harold Bloom ha llegado a decir que las facultades de humanidades, desde los años 70 en adelante, se han llenado de farsantes e impostores. Prueba de ello es el escándalo que suscitó la publicación del artículo de Alan Sokal en la prestigiosa revista de Ciencias Sociales Social Text —con portada del New York Times incluida y la posterior publicación del libro Imposturas intelectuales que ampliaba el tema— que resultó ser un fraude intencional del autor para desenmarcarar a las teorías constructivistas y post–modernas que campeaban a sus anchas en las revistas académicas de las humanidades3 4.

Esperamos cumplir con lo prometido y llegar a ser una ayuda, en primer lugar para nosotros mismos, así como para quienes nos visitan. Y que lo dicho más arriba los haya entusiasmado y ya deseen leer los artículos de este blog.

Marcelo Chaparro


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  1. Según la acepción del diccionario de la RAE: «Disminución de la actividad de las funciones intelectuales, acompañada de falta de reacción.» ↩︎

  2. Véase: https://richarddawkins.net/2000/10/hall-of-mirrors/. La traducción es nuestra. ↩︎

  3. Un ejemplo del impacto de la publicación del libro Imposturas intelectuales de Alan Sokal y Jean Bricmont se puede evaluar en la reseña que fue publicada por Richard Dawkins en la edición 394 de la revista Nature del 9 de julio de 1998 (Dawkins, R. «Postmodernism disrobed». Nature 394, 141–143 (1998). https://doi.org/10.1038/28089), que posteriormente fue reimpresa de forma abreviada en el libro El capellán del Diablo del mismo Dawkins. Puede leer la traducción de la reseña en: https://de-avanzada.blogspot.com/2013/04/Posmodernismo.html↩︎

  4. Como punto de partida para ver las repercusiones del «Escándolo Sokal» véase: https://es.wikipedia.org/wiki/Escándalo_Sokal↩︎