¿Debemos hacer caso a nuestros gustos?

Hacerle caso a las gustos a lo hora de comer puede ser muy peligroso. Hay razones biológicas que podrían explicar por que nuestros gustos pueden ser un estorbo para nuestra salud antes que una ayuda. Trateremos de explicar la razón de estos errores.

¿Por qué no debemos hacer caso a nuestros gustos?

El azúcar y la sal son adictivos. Las grasas nos gustan pero no las necesitamos en las grandes cantidades que solemos consumir. Pero, entonces ¿por qué nos gustan tanto alimentos que nos perjudican?

De las muchas explicaciones que se pueden dar a este hecho, en lo personal, siento una marcada inclinación a privilegiar aquellas respuestas de origen biológico antes que otras, como aquellas centradas en los procesos psicológicos de la mente. Así que hay que buscar el origen biológico de nuestras preferencias alimenticias.

Los orígenes de nuestra especie se remontan a los seres humanos que vivieron durante la última edad de hielo (comenzó hace 110 000 y terminó hace 12 000 años). En esa época, con un clima donde el frío era extremo, el consumo de carne y grasa era necesario para sobrevivir. Sin embargo hoy el clima es otro y no es necesario consumir tantas calorías. Pero el gusto por ellas permanece. Nos gustan la carne y las grasas como hace miles de años atrás. Ahora mire por la ventana y le aseguro que si fuera de su casa no hay peligro de morir congelado no debería consumir lo que le gusta. A usted le gusta aquello que le protege de un clima con frío extremo. Pero ahora vivimos en un clima templado, más benigno. Sus gustos no están actualizados, están obsoletos o desfasados. Sirvieron en su momento, pero ahora no. Son un lastre que hemos heredado de épocas pasadas y que ahora, con otro clima y otras necesidades energéticas, se han vuelto un grave problema de salud pública y privada.

Tesis que quiero probar: ¡no le haga caso a sus gustos si quiere mantenerse sano! Sus gustos lo van a enfermar.

Volvamos a lo dicho. Nuestros hábitos alimenticios se formaron en la prehistoria cuando eramos nómadas cazadores-recolectores. Esto tiene consecuencias respecto de:

  1. Nuestros horarios de comida y
  2. Sobre nuestra necesidad de estar en movimiento.

Horarios y actividad

El organismo humano está adaptado a ciclos alternados de: a) mucha actividad diurna, en la que se invertía mucho tiempo en la búsqueda de alimentos y b) de ninguna actividad o muy reducida porque al caer la noche no era posible ver nada. Así que el cuerpo humano trabaja de día: se cansa y sufre durante la jornada de luz. Y, luego, durante la noche descansa y se repara.

Una consecuencia de este ciclo de luz y oscuridad afecta a los horarios de las comidas: mientras hay luz se puede comer, gastar energía en hacer los esfuerzos, pero una vez que cae la noche y nos rodea un manto de oscuridad total el cuerpo se dedica a recuperarse: reparar los tejidos dañados, hacer más fuertes los tendones y músculos. Por lo anterior no da buenos resultados obligar al cuerpo a realizar dos actividades muy demandantes: no se puede estar digiriendo comida y reparando los órganos al mismo tiempo. En consecuencia: coma de día como si fuese un primitivo nómada y evite comer de noche.

Deje de comer al poco tiempo de de que oscurezca y permita a su organismo repararse y que se vuelva más fuerte para afrontar el día siguiente. El organismo funciona de noche como los depósitos a plazo. Hay que dejar pasar un tiempo para que se produzcan aumentos en el capital antes de hacer gastos. Y de día podremos gastar lo que recibimos en ese momento (carbohidratos) y algo de nuestros ahorros (grasas y masa muscular). Pero hay que dejar que esos ahorros se recuperen porque si se siguen gastando o no se los deja crecer acabaremos arruinados. Así que ponga más atención a sus ciclos de gasto y recuperación.

Segundo, cuando se es heredero genético de un tipo de ser humano que vivía cazando y recolectando de modo nómada resulta que el organismo nuestro está adaptado a gastar energía y a recibir nuevo alimento con frecuencia y en pequeñas cantidades (la naturaleza no era muy generosa en una edad de hielo). Pero ahora, en pleno siglo XXI: ¿qué sucede con nuestros hábitos?

  1. Comemos de noche. Consecuencia: No dejamos repararse al organismo y le aportamos alimento en el peor momento, en el cual el metabolismo está muy bajo u ocupado en tareas de reparación. Así que las calorías que sobren del proceso de digestión en esta etapa de reparación se depositarán como reserva en forma de grasa. Así que: no coma de noche.

  2. Comemos a mucha distancia entre comidas. El organismo está preparado para funcionar a su máxima capacidad con pequeñas cantidades de alimento pero con una ingesta muy frecuente. O sea, coma menos, pero sobre todo coma con más frecuencia. Coma algo cada tres horas.

Veamos cual es la razón para hacer esto:

Suponga que usted gasta para vivir unas 1500 calorías al día pero consume 2000 calorías. Así que todos los días le sobran 500 calorías. Por lo que siempre está subiendo de peso. Así que decide hacer una dieta milagrosa y reduce sus calorías a 1500 calorías. Sin embargo como eso es lo que gasta su organismo su peso y grasa permanecen iguales. Solo dejó de subir pero no ha bajado un gramo siquiera. Ante el fracaso de la dieta usted baja las calorías aun más y comienza otra dieta que le promete el paraíso. Baja su consumo a 1300 calorías. Pero las cosas no son tan sencillas. El organismo por su parte tiene algo que decir ante la disminución de alimentos: se da cuenta que le están llegando menos recursos y baja el metabolismo de 1500 a 1300 calorías. Así que al poco tiempo de estar bajando de peso este proceso se detiene y el organismo se adapta a las calorías que le llegan. Usted ya va en un espiral de aumento de la frustración y reduce todavía más sus calorías y baja a 1000 calorías diarias. Mala decisión porque además de estar pasando hambre su organismo nuevamente dice: me están llegando menos recursos, estamos en una crisis energética así que bajaré mi consumo a 1000 calorías. Nuevamente se encuentra que al poco tiempo ya ha dejado de adelgazar. Para ese momento usted ya ha perdido toda esperanza en adelgazar y abandona. Vuelve a sus anteriores hábitos y regresa a sus 2000 calorías diarias. Pero... Siempre hay un pero, usted gasta ahora 1000 calorías al día y, entonces, en muy poco tiempo no solo recuperará los kilos y la grasa perdidos, sino que además agrega nuevos kilos extra. ¿Por qué? Por simple matemática: Antes de la dieta a usted le sobraban 500 calorías ahora, tras su dieta milagrosa, le sobran 1000 calorías al día. La obesidad o el sobrepeso están asegurados.

Tesis: El acento está en que no hay que consumir menos calorías sino que hay que hacer que el organismo gaste más calorías.

Problema: ¿Cómo hacemos que el organismo gaste más calorías?

Volvamos al ejemplo: usted consume 2000 calorías diarias y gasta 1500 calorías. La meta para adelgazar sería que usted consumiera 1500 calorías y que su organismo gastase 1800 calorías, por ejemplo. Así cada día usted gastaría un poco más de lo que consumió. ¿Cómo hacer que esto suceda de modo permanente? Recuerde que el organismo corrige su gasto en base a las calorías que le llegan.

En primer lugar, lo más relevante es que no le dé tanta importancia a lo que come sino a los horarios y a la frecuencia con la que come.

Segundo, si usted hace una dieta muy extraña a sus hábitos lo más probable será que abandone esa dieta al poco tiempo y no habrá ningún resultado permanente.

Por lo anterior, lo más recomendable es no hacer cosas extrañas y difíciles sino:

  1. Seleccione de lo que come siempre los alimentos con menos grasa, sal y azúcar.
  2. Luego divida lo que come todos los días en cinco porciones.
  3. Y reste algo pequeño a esa cantidad: un pan, una fruta. Nada más que eso. Si recorta mucho el organismo se dará cuenta y eso es lo que no queremos.

Entonces, tenemos lo que consume todos los días menos un pan o una fruta. Por lo dicho antes. no es bueno comer de noche, asi que partimos nuestras comidas temprano en la mañana. Siempre en el mismo horario. Así su organismo se habitúa a recibir energía y la está esperando. Si le cambia el horario todo el tiempo no sabe qué hacer y baja el metabolismo. De nuevo: trate de comer en el mismo horario en la mañana y durante todo el día. Y siga esta pauta:

  • En el desayuno coma más porque lleva muchas horas sin comer (entre 11 a 12 horas de ayuno).
  • 3 horas después coma algo pequeño: una fruta, una barra de cereal, un pan, etc.;
  • 3 horas después come una porción más grande,
  • 3 horas después algo pequeño, semejante en cantidad a la comida 2.
  • 3 horas después la última comida del día.

Así tiene 5 comidas diarias y no come durante la noche. Una consecuencia que tiene comer con más frecuencia es que usted no podrá comer mucho porque a las tres horas tiene que comer de nuevo. Si comió mucho no se salte la comida, solo coma un poco menos. Y con el tiempo se irá acostumbrando a no comer tanta cantidad de alimentos en cada ocasión.

¿Cuál es la consecuencia de ser ordenado con los horarios?

Su organismo se acostumbra a que siempre hay energía disponible y entonces gasta sin problemas. Sabe que dentro de un rato más llegarán nuevos aportes. Así su metabolismo subirá su gasto diario de 1500 a 1800 calorías. Pero como usted está comiendo 1500 esas 300 calorías faltantes serán obtenidas de las reservas. Y ese gasto, es muy probable, que se realice durante la noche mientras el organismo se repara durante las horas de sueño.

En resumen, lo que realmente importa aquí es el horario y la frecuencia entre las comidas:

  1. Comer mientras haya luz natural.
  2. Comer cada 3 horas.

Este modo de comer le reportará un déficit energético de cerca de 9000 calorías al mes. Esto es, más o menos, un kilo de grasa. Por lo anterior, es muy sensato pensar que en un año usted bajará unos 12 kilos. Si pierde más peso, 2, 3 o más kilos al mes, es muy probable que se trate de agua y, por lo tanto, recuperará ese peso perdido muy rápidamente (basta con tomar agua). Pero si usted se propone quemar 1 kilo de grasa al mes sabrá de antemano en cuanto tiempo bajará esos kilos extra y por otro lado al bajar más lento le permite a la piel adaptarse al nuevo tamaño corporal. Así evitará que la piel quede como un sobrante, como si fuese un traje de una persona de mayor volumen, con pliegues por todos lados.

Veamos lo que sucede con las mismas 1500 calorías pero con 3 comidas diarias. Imagine que su primera comida es a las 7 de la mañana, luego su segunda comida es a las 13 horas y la tercera a las 19 horas. Y, probablemente, comerá algo pequeño poco antes de irse a dormir, digamos que a eso de las 23 horas.

Si se fija usted entre cada comida del día median 6 horas. El organismo recibe las calorías a las 7 am, las digiere y usa esa energía para funcionar, pero al cabo de cierto tiempo se agotan las reservas y ya no hay nuevos aportes de energía. El organismo dice: «no puedo seguir gastando porque no hay alimento y no conviene gastar las reservas. Voy a bajar el metabolismo.» Así que por mucho ejercicio que haga su organismo no gastará más porque supone que hay escasez de energía y cuidará sus reservas. Por lo tanto, si usted va al gimnasio es probable que se mantenga en el mismo peso. Pero, ¿qué sucede si usted come cada 3 horas? Recuerde que su primera comida fue a las 7 am. A las 10 de la mañana está gastando lo que comió al desayuno, pero no tiene suficiente energía para llegar a las 13 horas por lo que le añade una pequeña cantidad de comida a las 10 de la mañana y el organismo dice: «me acaba de llegar un suplemento de comida, puedo seguir gastando porque no hay crisis.» Además, como usted comió a las 10 am al llegar a su comida de las 13 horas no tendrá tanto apetito y comerá menos. Pero si ha dejado pasar 6 horas su apetito es voraz y el organismo le pide que consuma mucho para así tener reservas extra para los largos períodos de ausencia de alimentos.

Esta es la idea central de comer cada 3 horas. No dejar que los niveles de energía en la sangre bajen de tal modo que el organismo tenga que hacer correcciones. Con la mayor frecuencia usted hace que su organismo trabaje sin pausa porque sus niveles de energía permanecen estables. Si usted aleja las comidas hará que su cuerpo trabaje más lento cuando bajen los niveles de energía. Y eso significa que su peso será siempre el mismo porque su metabolismo estará más bajo, para cuidar las reservas porque faltan alimentos. Es lo que sucederá todos los días si permanece durante 6 horas sin comida. Coma más frecuentemente y con porciones más pequeñas y verá que de modo lento, pero continuo, comenzará a quemar sus reservas de grasa.

Y la última ventaja será que usted puede comer lo que quiera: Cambiará sus hábitos de horario más que el tipo de comida. Si hace esto, es muy probable, que no recuperé el peso perdido y que sin esfuerzo se mantenga en su peso y, además, tendrá más energía durante el día.

Las dietas exóticas suelen fracasar porque no es posible mantenerlas en el tiempo. Son cambios tan lejanos a nuestros hábitos que la persona no logra acostumbrarse a ellos y ya tiene que volver a comer lo de siempre. Y entonces, usted considera que las dietas son un fracaso rotundo y se resigna a mantenerse tal y como está ahora. Pero lo invito a que pruebe este modo de comer. En rigor es el modo de comer que utilizan los diabéticos. Aunque hay una pequeña diferencia, con este cambio usted no se preocupa tanto de qué es lo que come sino de la frecuencia y de la cantidad. No va a hacer nada extraño, no va a tener que comprar alimentos caros o difíciles de conseguir. Solo tiene que ser ordenado.

A modo de anécdota, se hizo un experimento para probar lo importante que son los horarios y la frecuencia, ya publicaré la fuente. Consistió esta experiencia en alimentarse con comida chatarra pero según los principios de comer con más frecuencia, en cantidades más pequeñas y no comer de noche. El resultado fue que la persona estaba adelgazando. Lo cual no quiere decir que comer comida chatarra sea sano sino que, en un caso tan extremo de comida poco sana, resultaron ser más relevantes para adelgazar los horarios y la frecuencia que los mismos alimentos que se comían.

Repito, para que le ayuda a memorizarlo: Coma con frecuencia (cada 3 horas), en los mismos horarios y no coma de noche.

Los estudiantes universitarios suelen subir unos 5 kilos al año. Así que es frecuente encontrar personas que al final de sus carreras podían llegar a pesar más de 20 kilos que los que tenían al ingresar a su carrera de estudios. La investigación sobre este fenómeno dio como resultado que el responsable más importante era su horario de comida: los estudiantes se saltaban comidas durante el día y comían de noche.

Así que, establezca los horarios de sus comidas y podrá mantener su peso durante años y sin esfuerzo. El peso corporal es un índice del estado de salud, no es una medida estética. No hay que preocuparse del peso porque se acerca la temporada veraniega o solo cuando se es joven o quiere parecer joven. Las personas mayores también necesitamos estar sanos durante muchos años, así mantenemos nuestra independencia. Imagine lo que significa llevar todo el día a cuestas un saco de 10 o más kilos. Cansa y mucho. Ahora imagine que su sobrepeso equivale a esos 10 kilos y que lo lleva todo el tiempo. Ese sobrepeso hará que nuestras rodillas y nuestra columna sufran por esa carga innecesaria. Baje de peso porque sus articulaciones se lo agradecerán.

Resumen

  1. Coma 5 veces al día.
  2. Coma cada 3 horas.
  3. Coma en los mismos horarios.
  4. No coma de noche. La noche sirve para reparar, no para digerir.
  5. Más importantes que los tipos de alimentos son el horario y la frecuencia. Así que si en una comida solo puede comer algo no muy sano ¡cómalo! Es preferible tener energía no muy buena a no tener ninguna.