Desde la ira a la OIRS

Solemos ver a diario y con bastante frecuencia brotes de violencia entre personas. A veces por motivos que no se condicen con la causa de la agresión. Con suma facilidad las personas, ante cualquier contratiempo agreden. Parece que el sentimiento que con mayor frecuencia aflora es el enojo y no otros más calmos como son la aceptación o la resignación. Y el enojo sin control se convierte en agresión y en algunos casos violencia verbal y física. Y esto nos parece que es algo que hay que evitar. Lo que nos parece poco productivo es que el freno a la violencia provenga de algo externo como es una ley. Pensamos que las personas y las sociedades deben prepararse ellas para tener bajo control una pulsión instintiva tan fuerte como es la agresión y la violencia.

Las personas pueden tener un gran control sobre lo que piensan. Con conceptos, palabras y unas pocas reglas gramaticales se pueden construir enormes discursos con mucha lógica. Pero no sucede lo mismo con los sentimientos. No tenemos ese control. Las palabras pueden ser recordadas y repetidas al infinito. Un sentimiento de pena no se puede repetir. No es el mismo el día de la muerte de un ser querido que diez años después. Si una persona le relata los sentimientos de amor que siente por una persona a un conocido, esta otra persona no puede sentir el mismo amor aunque sí entenderlo, que es otra cosa que una emoción. Y hay un segundo elemento más grave y diferente con respecto al pensamiento: El pensamiento es libre para crear lo que quiera, la imaginación no tiene límites; pero los sentimientos no los podemos inventar. Ellos vienen con nosotros, con nuestra genética. La alegría, el enojo, el cariño o el odio, etc. nos encontramos con ellos cuando algo nos produce alegría, enojo, cariño u odio. Lo que sí varía es el objeto que puede causarnos alegría, cariño o enojo. Pero el enojo mismo o la alegría misma son iguales en todos los seres humanos. ¿Quién se pregunta por qué significa que a alguien le guste algo? Todos entendemos lo que es gustar. Podemos discrepar en el objeto o la intensidad de lo que gusta pero no discutimos sobre lo que es gustar. Y lo mismo sucede con el amor y el odio. Todos los entendemos como sentimientos de signo opuesto: Uno de cariño positivo y el otro de desprecio y destrucción. Esto mismo sucede con un elemento que hoy nos parece tan grave y que no sabemos muy bien como controlarlo, educarlo o encausarlo: Nos referimos a la agresión y a la violencia.

Solemos ver a diario y con bastante frecuencia brotes de violencia entre personas. A veces por motivos que no se condicen con la causa de la agresión. Con suma facilidad las personas, ante cualquier contratiempo agreden. Parece que el sentimiento que con mayor frecuencia aflora es el enojo y no otros más calmos como son el perdón, la aceptación o la resignación. Y el enojo sin control se convierte en agresión y en algunos casos violencia verbal y física. Y esto nos parece que es algo que hay que evitar. Lo que nos parece poco productivo es que el freno a la violencia provenga de algo externo como es una ley. Pensamos que las personas y las sociedades deben prepararse ellas para tener bajo control una pulsión instintiva tan fuerte como es la agresión y la violencia.

¿Qué dice la ciencia sobre la agresión y la violencia? Recurriremos para responder a esta pregunta a un clásico estudio que realizó el premio nobel de medicina Konrad Lorenz.

Misma conducta de agresión en gorila y humano

Lorenz en su libro Sobre la agresión. El pretendido mal 1 demostró que la agresión es un instinto y, por lo tanto, es parte de las respuestas innatas de algunos seres vivos. Y descubrió que la agresión y la violencia tiene reglas para que no sea destructiva y peligrosa para la propia especie. Si los lobos no pudiesen controlar sus ataques a otros lobos, ellos se habrían extinguido hace mucho tiempo. La agresión se refiere a actos que se ejecutan contra miembros de la misma especie. En nuestro caso, de humanos contra humanos. Dejaremos fuera toda referencia a agresiones a otros seres vivos. Los humanos se agreden mutuamente y esto es un hecho. Pero, como somos seres vivos que han evolucionado para adaptarse a un mundo cambiante, la agresión debe tener alguna función biológica positiva y un tipo de control para que no se vuelva destructiva y ponga en peligro a la supervivencia de la propia especie.2

La función biológica de la agresión consiste en que los seres vivos agreden a otros de su especie para obtener o proteger tres tipos de bienes: alimento, territorio y pareja sexual (antes y después del nacimiento de la prole).

Konrad Lorenz, y muchos etólogos (nombre para los biólogos especialistas en el estudio la conducta animal desde el punto de vista evolutivo) han demostrado que la agresión, como es un fenómeno instintivo y estructural, no puede ser suprimida por lo cultural. La cultura no puede hacer desaparecer la agresión así como no se puede hacer desaparecer el hambre o la sed. Todo intento de suprimir la agresión está condenado al fracaso y solo llevará a brotes de violencia sin control porque solo se ha ocultado la basura bajo la alfombra. Lo mejor es comprender como funciona la agresión y desde esa comprensión ver como se puede transformar en algo positivo y beneficioso y no en algo solo destructivo y sin control.

Veamos qué es la agresión con algunos ejemplos muy sencillos. Una planta es un ser vivo que pasivamente recibe la luz y los nutrientes de la tierra, por eso no se mueve, no tiene neuronas ni músculos. Mientras que un animal, como somos nosotros los seres humanos, no hacemos eso sino que activamente buscamos solucionar los problemas que el entorno nos propone: Encontrar alimento, refugio y pareja. Este tipo de búsqueda exploratoria ya es un rasgo de agresión hacia el mundo porque no aceptamos que sea tal y como se nos ofrece sino que intentamos transformarlo. Queremos que el mundo se adapte a nosotros y luchamos contra el entorno para que no nos mate de hambre, sed o enfermedad o evitemos ser devorados por un animal más grande. Y si logramos un cambio que nos beneficie lo cuidamos. Por eso defendemos nuestra vida contra las enfermedades, el hambre y contra aquellos otros humanos que sentimos que pueden provocarnos molestias.

Pero, ¿toda molestia tiene que convertirse en violencia o incluso muerte? Quiero que se fije usted que durante décadas hemos recibido el mismo mensaje en el cine y en la televisión: No existe la redención para los considerados como «malos» y la única solución para el mal es la muerte violenta. La violencia aparece como solución a los conflictos. Como si con los puños y las armas se pudiesen solucionar los conflictos. Y esto no solo es muy torpe sino que es peligroso. ¿Por qué?

Porque este es un modelo muy podre como respuesta. Pongamos un ejemplo inverso, donde un enfrentamiento entre rivales no lleva a la muerte del perdedor: Me refiero a los deportes. En los deportes la agresión se ritualiza. Aquí lo social y cultural logra controlar los impulsos de agresión sin suprimirlos para que no se conviertan en violencia: Si se siguen las reglas del juego puedo derrotar a mi enemigo sin tener que aniquilarlo o dañarlo.

Lorenz propone que lo mejor es tener bajo control los brotes de violencia en la sociedad controlando la agresión. Ya que no podemos eliminar la agresión sí podemos dirigir su fuerza hacia algo que produzca algo superior y de mayor valor. Piense que los humanos hemos convertido el hambre en una variada y elaborada cocina. Nuestra necesidad de abrigo ha evolucionado desde usar pieles de animales a trajes que la naturaleza no nos puede ofrecer. Y lo mismo podemos hacer con la agresión. Porque la agresión lo que busca es hacer que la molestia desaparezca no busca matar o dañar a quien nos provoca. Basta con que el causante se aleje o se declare derrotado. Entonces, para lograr nuestro objetivo, que es controlar la agresión, podemos llevar a cabo varias acciones:

  • Ritualización de la agresión. Como, ya hemos dicho, es lo que sucede en los deportes. Donde, por ejemplo, se golpea un objeto (una pelota) y no a una persona. Y los puntos pueden reemplazan a los muertos y heridos que quedan fuera de combate.
  • Instituciones que canalicen la agresión. Como es presentar una acción legal contra alguien que me ha provocado un daño en vez de vengarme por mi mano.
  • Grupos humanos organizados. Que permitan canalizar la agresión hacia actividades productivas. Como podría ser participar en una junta de vecinos, en un club deportivo, bomberos, etc. Y, así reunidas las personas, hacen posible cambiar la realidad para que aquellos que molestan ya no puedan estar en las cercanías. Como sería poner luces en una plaza y que la comunidad la ocupase todo el tiempo en actividades recreativas o deportivas.
  • Cuidar a la sociedad para que no enferme de resentimiento y frustración. La sociedad está formada por seres vivos y, como ellos, puede enfermar también. Como sociedad tenemos estilos de vida que son estresantes y en los que la frustración y el resentimiento no tienen canales de expresión y descarga. Y esto tiene un efecto semejante a la de una olla a presión sin una válvula de escape. Necesitamos inventar modos de vida que respeten nuestra biología. Una biología que ha acompañado a nuestra especie durante miles de años y que todos compartimos. Y esto implica conocer como han vivido o pueden vivir los seres humanos. Y con este acto de imaginación podemos adelantarnos mentalmente a las consecuencias de malos estilos de vida. Tal vez la buena literatura nos ayude a tener ejemplos de estilos de vida que hoy no conocemos porque son propios de otras culturas o de otras épocas. Pero son experiencias humanas y por eso no nos deberían ser extrañas y aumentarían nuestro abanico de respuestas a los problemas.

¿Disponemos de algo así en nuestro entorno? Me refiero a algo que sea un ritual, como es poner por escrito aquello que me causa daño (ritualización), que sea algo distinto de mi persona y que haga cumplir mi petición (institución externa), que nos permita formar alianzas porque tenemos problemas comunes, aunque seamos diferentes (grupos organizados), donde podamos proponer soluciones que hagan que nuestras vidas sean más humanos y de acuerdo con nuestra biología.

Creo que frente a lo anterior tengo una posible solución. No es definitiva, no es inmediata, no evita la frustración, pero sí mitiga la agresión. No es definitiva porque esto es humanamente ilusorio pero es racional y hace que las emociones estén bajo control. No es inmediata y esto es bueno porque la inmediatez —ya lo veremos en otro artículo con más detalle— es un signo de infantilismo, no evita la frustración, otro rasgo infantil, pero nos lleva a pensar en soluciones más racionales y efectivas, aunque más lentas. Es decir, lo que propongo es algo semejante a lo que sucede en un juego, una forma de ritualizar la agresión. ¿Quién es el mejor jugador? ¿El que hace trampas o el que mejor conoce las reglas del juego y las usa para su provecho o el de su equipo? Usando esta metáfora, creo que es mucho mejor aprender con mucho detalle las reglas del juego y no dedicarse a quejarse fuera de las reglas de juego porque nunca sucede nada. Claro que no va a suceder nada porque está fuera de la cancha de juego. Lo que es un muy mal negocio para hacer cambios. Los únicos que anotan puntos y ganan los partidos son los jugadores, los espectadores nunca. Bueno, es obvio que nunca va a suceder nada si yo no hago nada. ¿Qué hacer entonces cuando vivo una agresión o una pérdida de derechos en el CESFAM?

En el caso concreto de nuestro CESFAM Plaza Justicia, en vez de darle rienda suelta a la violencia, mejor haga el ritual de dirigirse a la oficina de OIRS3 o bien, en la página web: Sistema OIRS y exponga su problema. No como si usted fuese una víctima de una agresión dirigida a su persona, porque en algunos casos la supuesta agresión no es personal sino fuerza mayor o burocracia, y no trate tampoco de despertar misericordia sino respeto. Dar pena no siempre hace que el otro sienta misericordia. Sobre todo si todas las quejas buscan lo mismo. Para lograr el respeto es mejor que exponga lo sucedido como un problema que puede afectar a otros y describa los hechos no sus sentimientos y proponga una solución al problema no a sus emociones. Verá que ese ejercicio de agresión —ese intento de cambiar la realidad con el pensamiento— resulta mejor que solo dejarse dominar por unas emociones que no controla y que no le ofrecen respuesta alguna al problema: Solo se sentirá iracundo y frustrado y nada más. Los sentimientos son, biológicamente considerados, sistemas de alarma. Le dicen a usted: «Presta atención a esto que es importante». Pero los sentimientos no me ofrecen la respuesta al problema. Para eso existe la razón. Razonamos para descubrir o inventar soluciones. Soluciones que no son obvias y que, en muchos casos, requieren la colaboración de muchas personas.

En síntesis. Por naturaleza somos seres agresivos. Y una manifestación de la agresión es el comportamiento exploratorio en busca de soluciones. Exploramos física y mentalmente el mundo buscando resolver esos problemas. Nunca nos quedamos quietos. Y, nosotros añadimos, mediante la cultura, mecanismos de solución mediante ritos. Y un tipo de rito es poner por escrito lo que ha sucedido y redactar de modo racional una solución al problema. El sistema OIRS cumple con estos aspectos propios del manejo de la agresión —por supuesto que no es el único, no somos ingenuos—. Así que, para ofrecer respuestas a sus problemas y escuchar sus propuestas existe OIRS. Aprendamos a usarla para nuestro beneficio y para cambiar la realidad. No será inmediato el cambio pero si somos muchos será más probable que suceda.4


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  1. Véase sobre todo el capítulo IV: La espontaneidad de la agresión en Konrad Lorenz, Sobre la agresión, Siglo XXI Ediciones. ↩︎

  2. Para más detalles véase Irenäus Eibl-Eibesfeldt Guerra y paz. Una visión de la etología, Biblioteca Científica Salvat. ↩︎

  3. La OIRS es la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias. En el CESFAM Plaza Justicia se encuentra físicamente en el primer piso, al costado del SOME.) ↩︎

  4. Este artículo es una versión corregida y aumentada del publicado en la revista Sanamente N° 2. En aquella ocasión apareció bajo la firma de Líderes comunitarios. Esta versión se debe considerar como la versión definitiva respecto de aquella. La primera versión estuvo limitada en su extensión por razones de espacio y en este blog, por fin, hemos subsanado esa restricción. ↩︎